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El arte de cuidar: estudiar enfermería

En psicondos me gusta mostraros diferentes experiencias. En presente post, te presento «El arte de cuidar», de la mano de Erika. Ella es enfermera de profesión, escribe en el blog Donde mis pies me lleven y hoy nos cuenta su experiencia como estudiante de enfermería, opositora y enfermera

Los inicios

   Nací el 12 de mayo como Florence Nightingale madre de la enfermería moderna, así que parece que nací predestinada para serlo. Nunca me plantee ser enfermera, mi verdadera vocación era ser psicóloga. Por circunstancias familiares no pude estudiar dicha carrera y terminé haciendo enfermería. Recuerdo perfectamente la jornada de puertas abiertas que hicieron en la universidad para enseñar la Escuela de Enfermería el año que tenía que hacer selectividad. Quedé impresionada, de su edificio, de sus aulas, de su clase de anatomía, así que dije: pues estudio enfermería. Pero yo no sabía lo que era la enfermería, sabia que eran personas vestidas de azul con zuecos de colores llamativos que correteaban de un lado para otro siempre ocupadas y haciendo diez cosas a la vez.

Estudiar enfermería

ilustración donde mis pies me lleven

   En 2001 me embarqué en la aventura de convertirme en algo que no sabía si me iba a gustar. Es una carrera que tiene muchas prácticas, desde el primer curso para ser más exactos. Ya ves, casi no sabes como hacer un examen universitario y ya te mandan al hospital con un uniforme y a aprender cosas que jamás creerías que aprenderías.
La primera vez que abrí una ampolla de cristal, me corté tres dedos, pero en lugar de pensar que aquello no era para mi, seguí con mis prácticas como si nada y resulta que me gustaron. Así pasaron los tres años de carrera a una velocidad fulgurante y sumergida entre estudios, practicas y un mundo completamente ajeno al mío.

En la actualidad

   Hoy es 17 de septiembre y hace 13 años que terminé la carrera. Aunque os sorprenda lo que os voy a decir tarde casi ocho años en entender lo que era la enfermería. Las enfermeras no somos asistentes técnicas de los médicos, no somos las que pinchamos culos o sacamos sangre (que también), es algo más complejo. Es una profesión que te hace aplicar lo que quise ser (psicóloga) y lo que soy, enfermera.
Tratas con personas todos los días, con pacientes que sufren, con pacientes que mueren, con pacientes que padecen y con pacientes imbéciles.
Pero todo tiene su recompensa, yo solo puedo hablar por mí, porque no se lo que para cada profesional significa el cúspide de la Pirámide de Maslow que es la autorealizacion. Para mí, ese cúspide se construye cuando un paciente me dice “gracias, has sido muy amable”, cuando un paciente tiene una muerte digna porque he podido acompañarle, cuando ves a un bebé nacer y una madre te da las gracias llorando, cuando consigues que una sutura te quede de rechupete y cuando consigues que una úlcera que lleva meses, incluso años, en las piernas de un paciente por fin cierre.

En formación continua

   Estudiar y estudiar, eso también forma parte de la profesión. Es una profesión dinámica, en constante movimiento de conocimientos y en la cual tienes que estar actualizada y aunque muchas veces tirarías los libros por la ventana, no queda otra que claudicar y seguir estudiando y formándose para ser una buena profesional. No hay que olvidarse la parte práctica del estudio y es que hay que opositar para poder trabajar por lo menos en la administración pública. Se convocan cada cuatro años más o menos y salen una miseria de plazas para mucha gente, nada que no sepa un opositor. Se suma tu nota de examen, tu experiencia profesional y tus conocimientos de euskera (en el caso de mi CCAA). Entonces ahí vas luchando, cogiendo contratos muy precarios al principio, incluso de dos horas en un sitio donde gastas más gasolina en ir hasta ese sitio que lo que ganas en ese contrato, doblando turno, yendo de un día para otro y aun así, por muy buena nota que saques en el examen hay que contar con el handicap de la experiencia laboral.

EIR y máster

   También he de deciros que he probado especialización, el EIR, que de eso también son conocedores los opositores de la rama sanitaria. Lo he intentado dos veces en serio. Pensé en ser matrona, para probar otros mundo, aprender más, ávida de experiencias pero no tuve suerte o no estudie lo suficiente (tampoco voy a engañar a nadie). Sacan una media de 900 plazas para unas 177000 solicitudes, el ratio anda en torno 1:9; es decir una plaza para disputar entre nueve enfermeras. No es fácil y menos si tienes que trabajar y seguir preparando oposiciones para poder seguir trabajando (vaya lío ¿eh? me parezco a Mecano con lo de “los amigos de mis amigos son mis amigos). Resumiendo, los dos años me quede en torno al 1700, sin plaza claro. Pero tampoco fue el fin del mundo… me puse a hacer un máster para seguir formándome, que por cierto es más feo que ni sé, pero abre muchas puertas, así que como dice la expresión “no pain, no gain”
Como veis, la enfermería tiene tantas vertientes que es un arte a veces bonito, a veces feo y a veces abstracto.

Desde Psicondos, ¡Muchísimas gracias, Erika por compartirnos tu experiencia! Espero que pronto puedas volver por Psicondos para que nos sigas contando sobre una profesión tan bonita, como es la enfermería.

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